No tiene cómo hábito incorporado navegar en internet, “¿para qué?” ¿Qué puedo buscar? Y reconoce que sólo utiliza un tres por ciento de las posibilidades que le brinda la computadora. A pesar de esto, Roberto Fontanarrosa, lejos de renegar con las innovaciones tecnológicas se adaptó a los tiempos que corren, y bajo el lema que reza “a lo bueno uno se acostumbra rápido”, modificó sus costumbres laborales.
- Mi trabajo antes demandaba de otros tiempos, enviar mis creaciones -por correo, por carta- tenían su tardanza. Ahora con el mail las ventajas son tan grandes que en aquella época resultaba difícil imaginar.
Igual lo impreso está dentro de mis hábitos favoritos, no me resulta lo mismo leer un libro a través de una pantalla que en un libro. La computadora todavía me genera cierta desconfianza y ese miedo a perder el material me obliga automáticamente a imprimir para poder leer en papel lo que acabo de procesar. Además, para corregir me siento mucho más cómodo lapicera en mano, después obvio, vuelvo a la computadora para modificar archivos.
La enfermedad también complicó mi desenvolvimiento, antes escribía rápido con las dos manos sobre el teclado, ahora lamentablemente las cosas cambiaron, tuve que readaptarme, rediseñarme, y dejar que todo lo resuelva mi mano derecha.
Desde hace dos años sufre una enfermedad neurológica que le inhabilitó el brazo izquierdo en forma total “pego en el palo y salió” es la primera incursión futbolística en el lenguaje de un hombre que ama ese deporte. Igualmente, esta primera parte de la charla todavía recorre otros caminos.
- A veces leo cosas que me mandan y la impresión que me da es que jamás eso fue leído por segunda vez.
Yo escribo los libros de cuento de a veinticuatro o veinticinco, pero lo hago por bocetos, aproximaciones, recién cuando termino el último vuelvo sobre el primero para rediseñarlo. Esta técnica me permite tomar cierta distancia, es cómo que estoy leyendo un material de otra persona y logro ver con mayor claridad. Se facilita la corrección ya que si busco hacerlo en caliente sin dudas repito el error.
Su vocación, su apego al trabajo que más le gusta y por el cual se siente muy gratificado nació gracias a una lectura que lo acompaño desde la niñez.
Hijo de una madre lectora, sólo a nivel entretenimiento y lejos de la intelectualidad, y de un padre que no leía en absoluto refutó la teoría Saváter que expresa “un chico difícilmente lea si no te ve leer”.
- Yo no sé porque siempre había libros en casa. La historieta fue la creadora en mí del hábito de la lectura, después pasé a la colección Robin Hood y me atraparon cosas cómo Sandokán o El Príncipe Valiente. A mi hijo le digo permanentemente que lea, pero no con intenciones de convertirlo en un intelectual, sino para que se divierta, se informe. No sé si lo he logrado pero me alcanza con ver en Franco que hay cierta curiosidad.
El secreto, desde mi punto de vista, está en acercarle a los jóvenes textos que realmente despierten sus intereses. Si a un pibe le gusta la música hay que regalarle algo que tenga que ver con eso porque si vos de entrada le tirás El Cid Campeador o el Quijote lo más probable es que no lea nunca más. La relación es automática: lectura es igual a aburrimiento.
- Entonces si queremos iniciar a alguien en el fascinante mundo de la lectura debemos por lo menos conocer sus gustos, y si al enterarnos de los mismos nos encontramos con el fútbol entre las mayores debilidades “un Fontanarrosa” puede ser el regalo perfecto…
- Un día en Casa de Gobierno me encontré con Alejandro Apo y lo culpé cariñosamente de la situación que hoy me toca vivir. A raíz de los cuentos que él relata los sábados por la tarde en Radio Continental es enorme la cantidad de gente que se interesa por mi trabajo. En la Feria del Libro se acercaban y me preguntaban en que libro tuyo está "bla bla bla...", y ahí notamos con Divinsky de Ediciones de la Flor que era necesario reunir todos los cuentos de fútbol en uno sólo, el resultado tiene cómo título “Puro Fútbol”.
Hoy que se reparten cuentos en los estadios los amantes de este deporte se han acercado a la literatura. Sé que no se trata de grandes lectores, que son hinchas del fútbol, pero igual me gratifica enormemente.
- Habiendo trabajado en una agencia de publicidad y leyendo todo lo que caía en sus manos quedaba impresionado por las historietas de aventuras. Rayo Rojo y Misterix le sacaban claras ventajas a la hora de las preferencias a publicaciones cómo Paturuzú o Paturuzito. Los dibujos eran más impactantes, y por ahí pasaba el goce de un hombre que se siente afortunado de haber presenciado el lanzamiento de revistas cómo Hora Cero y Frontera.
- En esas publicaciones trabajaba Hugo Prat, un italiano que vivió en Argentina, al cual yo le copiaba. Era un fenómeno, eso me alcanzó para darme cuenta que la historieta es un soporte para contar una historia. No alcanza con hacer historieta en dos patadas simplemente para satisfacer un mercado.
Un buen chiste puede salvar un mal dibujo, esta regla se da en líneas generales. Imagínate un dibujo deslumbrante acompañado de un texto flojo. Queda esa sensación de vacío, de falta de remate.
Yo no me considero un buen dibujante pero eso no me desvela, me interesa más lo que cuento y cómo lo cuento.
El salto de la revista Hortensia a Clarín, allá por el '73, le demostró a Fontanarrosa que podía vivir de su trabajo. Bajo la recomendación de Caloi, tanto él cómo Crist, ingresaron entonces al diario de mayor tirada de Sudamérica. La publicidad fue quedando de lado y los pasos de este rosarino comenzaron a ser sólidos.
- A mí me alcanza con que alguien se sonría o diga este chiste es ingenioso. Me cuesta particularmente reírme de trabajos propios o ajenos. Ojalá pudiera arrancar siempre una carcajada aunque se dice que es más fácil hacer llorar que reír.
Contar que una nenita extravió a su perrito alcanza para apuntar al costado sensible de la gente.
¿Y amenazar a una virgen?
(Se ríe) Aunque no lo creas eso es verídico. Un par de hinchas de Central fueron a rezar y terminaron amenazando a la pobre estatua dentro del templo. (NdeR: cuento que relata como dos hinchas del canalla concurrieron a la iglesia para rogarle a la virgen que su equipo ganara. Finalmente, terminaron rompiéndole un dedo, y fueron denunciados por sacrilegio.)
Plegarias a la virgen es uno de los pocos cuentos de Fontanarrosa que se basa en hechos reales. La forma de hablar, rasgos, cábalas y fanatismos van condimentando las ideas de alguien que todavía nos aguanta en la mesa de café.
- Las cosa han cambiado bastante, antes, hace algunos años era impensable por parte de un político salir a decir soy de tal o cual equipo. El miedo a manifestarse, por ejemplo por Boca, los obligaba a preocuparse por los votos de River, pero hoy te diría que hasta se apuran para decir de que colores son hinchas, cómo marcando me gusta el fútbol, estoy integrado y soy parecido a todos ustedes. En este país quedó demostrado que no saber de fútbol es peor que tomar partido.
Se le escapa, quiere evitarlo pero es imposible, en medio de la charla las comparaciones, los ejemplos, siempre encuentran referencia en la pelota. El fútbol ocupa un lugar de preponderancia en su vida aunque debemos aclarar, cómo si fuera necesario, que fútbol en la pronunciación de Fontanarrosa es sinónimo de Rosario Central.
- En Rosario gozo de cierto respeto, es verdad que en algún semáforo no falta el que me grita “canallón hijo de puta” pero bueno, no pasa de ahí. En el ambiente del fútbol, los hinchas no estamos en condiciones de reclamar inmunidad diplomática. Menos en una ciudad que está dividida y en la cual vivimos en contacto permanente con el enemigo.
Al fútbol yo lo ligo mucho con el orgullo y ese orgullo se alimenta de la rivalidad ¿Te imaginas Rosario sin Newell's o Central? Pierda quien pierda no pasa nada, no te carga nadie. A mí me hablan del derby español y eso me causa mucha gracia ¿Si gana el Madrid quien va a cargar a los catalanes? Si están en la loma del culo…
Rosario Central es la vieja y la selección Argentina una tía lejana, esta afirmación definen en parte los ideales del Negro, un hombre agradecido al trabajo, a la vida que lleva adelante, y que aún tiene materias pendientes. Entre ellas, el cine.
- Me gustaría mucho que un relato mío se viera plasmado en la pantalla grande, aunque el gordo Soriano me decía: “Yo les entrego el libro y listo, total, la película termina siempre siendo del director”.
El creador de Boggie el aceitoso e Inodoro Pereyra hoy no tiene a estos personajes en el mismo grado de interés. Mientras Inodoro sigue su marcha triunfal en la revista dominical de Clarín, Boggie descansa, sólo Fontanarrosa sabe hasta cuando, en algún lugar de su imaginación.
- Empecé con Boggie y Pereyra en 1972 y es muy difícil mantener dos personajes durante tanto tiempo. La diferencia es que Boggie, después de la revista Humor, se vendió a México y Colombia y ahí yo realmente no conocía el grado de aceptación. De cualquier manera, la verdadera explicación en dejar de hacerlo la encuentro en la falta de ganas que se apoderaron de mí en 1992. En cambio, Inodoro Pereyra aún goza de una publicación prestigiosa y eso me permite al menos recibir algún comentario de la gente.
Entre charlas, presentaciones y entregas que suponemos deben exigir los medios para los cuales trabaja se escapan las horas de un hombre que parece ser metódico, amable y respetuoso.
- No me saltan las ideas a las cuatro de la mañana y me levanto para escribirlas. Si tengo que entregarle algo a Clarín, por ejemplo, voy a mi estudio en horario de trabajo y empiezo a tomar nota de las novedades sobre las cuales pienso que voy a trabajar. Obvio que no descarto la calle, la radio o la televisión, pero mis ideas se alimentan generalmente del diario. Un disparador es fundamental e indispensable…
Fontanarrosa no considera a los rosarinos una raza especial, cree que la configuración humana es similar a la de Capital Federal “nada más que en chiquito” se encarga de aclarar. Rosario es de tango, de café, de fútbol, de billar y de hombres que haciendo gala de su descendencia genovesa evitan meter la mano en el bolsillo.
A las 11.45 ingreso en el Hotel Conquistador y pregunto por él.
Cinco minutos después la figura de Fontanarrosa irrumpe en el lobby ante el desinterés de turistas que quieren llevarse todo de nuestro país favorecidos por el cambio monetario.
Me busca con la mirada, me encuentra, y se acerca a la mesa para compartirla.
- Roberto, ¿qué tomás?
- Maestro, ¿puede ser un café?
Y se prepara para una charla que ojalá ustedes hayan disfrutado tanto cómo quien les habla.
Audio del homenaje al Negro en el Congreso: Mención de Honor "Senador Domingo Faustino Sarmiento":